Índice de masa corporal y mortalidad global

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Rafael Marín 01/01/2010

Resumen:

          La relación entre un índice de masa corporal (IMC) elevado y el incremento de la morbimortalidad CV parece bien demostrada. Sin embargo, su relación con la mortalidad global es todavía incierta.
Se trata de un metaanálisis promovido por los Institutos Nacional del Cáncer y Nacional de Salud de EE UU. Se incluyeron, desde 1970 hasta la actualidad, un total 19 estudios prospectivos con estos criterios: edad 19-84 años (mediana 58), IMC 15-50 Kg /m2, raza blanca, seguimiento de al menos 5 años y que hubiese al menos 1000 fallecimientos, bien constatados. En la mayoría casos se conocían los antecedentes personales relacionados con la presencia de cáncer y enfermedad CV.
En total se incluyeron 1.460.000 adultos. La relación IMC-mortalidad global se ajustó a la edad, nivel educacional, actividad física y consumo de alcohol. El IMC medio fue de 26,2 Kg /m2. Durante una media de seguimiento de 10 años (rango 5-28) hubo 160.087 muertes.
Entre los sujetos que basalmente estaban sanos y nunca habían fumado se verificó una curva en J entre IMC y mortalidad global. En las mujeres,  tomando como punto de referencia un IMC de 22,5 – 24,9 la HR entre mujeres con IMC de 15,0 a 18,4, fue de 1,47 (IC 95 % 1,33-1,62). Para un IMC 18,5 – 19,9, HR de 1,14 (IC 1,07-1,22). Para IMC 20,0 – 22,4 de 1,00. Para IMC de 25,0 – 29,9 de 1,13 (IC 1,09-1,17). Para IMC 30,0- 34,4 de 1,44. Para IMC 35 – 39, de 1,88. Y con IMC de 40,0 – 49,9 de 2,51 (IC 95 % 2,30 -2,73).
Para los varones los resultados fueron superponibles. Combinando los valores de varones y mujeres por cada cinco unidades de incremento en el valor del IMC se verificó un aumento de un 31 % en el riesgo de muerte. La relación fue significativa en todos los tramos de edad, pero fue más intensa en los < de 50 años. La HR para valores de IMC < de 20 Kg /m2 se fueron atenuando conforme el seguimiento era más prolongado.
Los autores concluyen que tanto el sobrepeso como la obesidad (y posiblemente también el peso muy bajo) se asocian con una mortalidad global incrementada. La mortalidad más baja se observa con valores de IMC entre 20,0 y 24,9 Kg /m2.

Comentario:

El IMC sigue siendo una medida adecuada de obesidad global. En las últimas décadas se viene registrando, entre los individuos de los países desarrollados, un incremento continuo en sus valores Aproximadamente dos de cada tres sujetos tienen obesidad o sobrepeso.  Su aumento tiene una relación directa y bien reconocida con factores de riesgo vascular como la HTA y la diabetes. También con diversas causas de muerte incluida la cardiopatía isquémica, el ictus, la enfermedad renal crónica  y variados tipos de cáncer. No obstante, persisten algunas dudas en relación a los valores óptimos de IMC. Algunos estudios sugieren que el sobrepeso (IMC 25,0 – 29,9) puede ser beneficioso o no tener ningún efecto sobre la mortalidad (Flegal et al. Estudio NHANES. JAMA 2007) mientras que otros reconocen un pequeño incremento en el riesgo.
  Estas inconsistencias pueden ser debidas a que la mayoría de los estudios no excluyen factores de confusión como pueden ser el tabaco, la presencia de enfermedad grave previa, la escasa duración en el tiempo de seguimiento etc. Hasta ahora el trabajo más importante publicado sobre el tema es el Prospective Studies Collaboration que se diseñó con el objetivo de verificar la relación de diversos factores de riesgo con la enfermedad CV. La relación con el IMC se publicó recientemente (Lancet 2009; 373: 1083-96) y demostró que el valor óptimo del IMC era 22,5 – 25,0. La base de datos analizada (894.000 participantes) incluyó a fumadores y a pacientes con cáncer previo. Es posible que esta circunstancia  haya infraestimado la asociación entre IMC y mortalidad global y que haya contribuido a sobreestimar su valor óptimo.
La importancia del estudio ahora analizado es que reúne a la población con mayor número de casos hasta ahora publicada, a que la mayoría de las muertes ocurrieron en la última década analizada y a que sólo establece la posible relación con los sujetos que considerados sanos. Esto condicionó la exclusión de factores de confusión muy importantes, como son los individuos que ya tenían basalmente cáncer o enfermedad CV y también a los sujetos fumadores. El estudio compara la curva obtenida con los sujetos sanos y la obtenida con el total de la población analizada. Ambas son en forma de J, pero en los individuos sanos el nadir de dicha curva se ensancha hasta los valores ya dichos de 20–25. En la población global la pendiente es más abrupta (en su tramo descendente) porque el nadir se acorta a 22,5 – 25,0. A partir de 25 la relación entre IMC y mortalidad es en ambas poblaciones continuamente creciente, pero la curva es más pronunciada (en su tramo ascendente) en los sujetos sanos.
Hay dos hallazgos que sugieren que la relación entre aumento de mortalidad e IMC < 20 pueda ser artefactual.Primero, que la relación es más débil tras 15 años de seguimiento (HR 1,21) que después de los 5  primeros años (HR 1,73) quizá porque ya existía una enfermedad previa no reconocida. Y segundo que la relación era menos intensa con los individuos físicamente activos que con los que llevaban una vida sedentaria. No obstante no puede ser descartada una relación causal directa.
La principal limitación del estudio es que el IMC sólo es conocido en su punto de partida. No se puede discernir como pueden haber influido los hipotéticos cambios evolutivos de su valor. También pueden ser fuentes de error que en no pocos casos los datos de talla, peso y enfermedades asociadas fueron autoreferidos. La ausencia de un dato relevante sobre adiposidad como es el valor del perímetro abdominal (presencia de obesidad central) resta importancia al valor aislado del IMC. Los resultados expuestos sólo son válidos para la raza blanca no hispánica.
En conclusión, prospectivamente, la relación entre IMC y mortalidad global, una vez minimizados los factores de confusión más importantes (tabaco y enfermedad grave basal) es posible para valores de 25. Sin duda, este hecho supone una amenaza para la epidemia de obesidad que está alcanzando incluso a los países en vías de desarrollo.

Cita original:
Berrington de Gonzalez A, Hartge P, Cerhan JR, Flint AJ, Hannan L, MacInnis RJ, et al. Body-mass index and mortality among 1.46 million white adults.N Engl J Med 2010; 363: 2211-9

Último modificado: 16 julio, 2017